El 6 de noviembre de ese año jugaban Millonarios y Unión Magdalena en El Campín, por el octogonal final del balompié colombiano, en un encuentro que no tuvo más de 5 mil espectadores. A las afueras del escenario, “la ciudad era un cementerio frío de calles vacías en donde se oían, a lo lejos, los ruidos de las sirenas y los cañonazos”,
Relata las2orillas.co
Menciona Gol Caracol, que apenas 5 días antes se había sellado la eliminación de Colombia en los clasificatorios del Mundial México 86 a manos de Paraguay y allí iniciaba la peor quincena de la historia reciente nacional, rematada con la tragedia de Armero y el mencionado holocausto del Palacio de Justicia, en el que se apreció “uno de los mayores ejemplos del uso y abuso del fútbol por parte del poder”.
Recuerda el periodista Eduardo Arias en Señal Deportes que era muy raro que por esa época se transmitieran partidos del balompié local por televisión abierta y casualmente, mientras se desarrollaba la toma subversiva, se encontró en uno de los 2 canales existentes con el encuentro de poca trascendencia que sostenían ‘embajadores y ‘el ciclón bananero’ en el estadio de la Calle 57.
“Se tenía la idea de que transmitirlos era fatal para la asistencia del público”, comenta el escritor y crítico de cine Ricardo Silva.
“Nos cogió de sorpresa cuando de un momento a otro, como a las 6 de la tarde, nos dice el profesor Eduardo Luján que el partido iba a ser transmitido por televisión”, señaló el exjugador de Millonarios, Cerveleón Cuesta.
Del bando contrario y unas horas antes, el técnico del Unión, Eduardo Julián Retat, que se encontraba hospedado junto a sus jugadores en un hotel del centro de Bogotá, suspendió su charla técnica ante el ruido de los primeros cañones que sonaron sobre el mediodía.
“Para ambos entrenadores estaba claro que el partido no se jugaría. A las cinco de la tarde Bogotá era un escenario de guerra… Pero el gobierno tenía otra idea: la fiesta del fútbol debía continuar”, cuenta Las 2 Orillas.
Mientras medios como Semana aseguran que la ministra de comunicaciones de entonces, Noemí Sanín, censuró a los medios periodísticos bajo la prohibición de transmitir lo pasaba en el Palacio de Justicia, ella afirmó recientemente que no hubo tal y que solo emitió recomendaciones sobre responsabilidad a los comunicadores.
Lo que sí fue un hecho fue el traslado a última hora de los equipos de transmisión de Inravisión al estadio El Campín y la abrupta interrupción de los noticieros por parte de Sanín para emitirse el partido Millonarios-Magdalena, que terminó 2-0 a favor de los capitalinos, número que no fue nada frente a los 17 magistrados y 46 civiles que murieron esa noche en el centro de la ciudad.
“Fue un partido de mucho nerviosismo para nosotros”, retrocede en el tiempo Cerveleón Cuesta, quien no olvida que durante el juego y en medio de la balacera que se desarrollaba no tan lejos de allí, su compañero Norberto Peluffo compartía con sus compañeros lo que escuchaba a través de un radio, sin poder evitar el llanto.
Fuente : pulzo.com


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